Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2024
Imagen
  Sobre cierres y aperturas Abrimos la puerta y al cruzar se cierra tras nosotros. Abandonamos un espacio para ingresar en otro. Es un acto sencillo, ¿verdad? No parece, en la mayoría de los casos, que tuviera mucha relevancia, y no la tiene justo porque no nos damos cuenta, por ese tema de “hacerlo siempre de la misma manera”. El tema se ha vuelto un lugar común, que en literatura se define más o menos como repetir lo que todo el mundo dice, y en esto no hay ningún esfuerzo creativo, ejemplo: “si una puerta se cierra otras se abrirán”, un dicho de filosofía popular. El asunto es que por ser popular —común— nos quedamos con la idea y la ilusión —de que se abrirán— y pare de contar. Lo que tendría de profundo y trascendente se pierde porque no lo vemos, no nos ocupamos de verlo. Pero, bueno, el tema aquí es que quien entra en ese espacio no es el mismo que abandona el otro, el que dejó tras la puerta cerrada. Creemos que somos los mismos en todo momento, en todos los lugares y e...
Imagen
  El tiempo todo lo redime He escuchado que el tiempo lo cura todo, también lo he oído con redime. Curar y redimir son diferentes, aunque para el efecto creo que terminan siendo lo mismo o por lo menos se implican. Un acto de redención termina por sanar una herida, un dolor. No quiere decir que todas nuestras dolencias procedan de una falta de redención; lo que sí parece cierto es que la ausencia de redención puede producir un dolor crónico de tipo físico o emocional. Algo así como una herida que no se deja sanar [1] porque la hurgamos constantemente. No estoy segura de que todas las heridas puedan ser curadas con el tiempo, es más, estoy menos segura de que el tiempo por sí solo tenga esa capacidad. En muchos momentos nos vemos reviviendo en silencio o en voz alta viejas heridas que por el poder de la recordación las sentimos nuevas, con un dolor renovado; aquí el tiempo no tiene nada que ver. Pero ¿qué es lo que nos pasa?, ¿por qué hacemos eso?   Tal vez la pregunta que...
Imagen
  Qué tanto sabes de mí Cuando escucho la afirmación: ella o él es así, para referirse a una forma particular de ser o de proceder, comienzo a sentir un poco de irritación en la piel, que algo me estorba en el cuello, o que los zapatos me aprietan demasiado los pies. Me resulta muy incómodo y francamente chocante cuando alguien me describe. Hay quienes dirán que lo que me molesta es la verdad que el otro expone sobre mí y que no la reconozco porque la tengo muy cerca; es decir, porque soy yo, y que por esa misma razón necesito que el otro la ponga en mi cara. ¿Qué es eso? Históricamente parecemos autorizados a hablar del otro, creemos que entre más sepamos de él —aunque realmente sabemos muy poco— podemos aprehenderlo y ejercer cierto dominio, porque nos es transparente: Yo sé cómo es usted, a mí no me puede engañar . Pero lo cierto es que lo que sabemos de nosotros es tan vago, tan supeditado a nuestra historia, a nuestras reacciones, que no podríamos establecer claramente c...