Esa manía de no tolerar en solitario el desencanto Por estos días he escuchado hablar de la gente que todo lo ve con “lentes rosa”. Con un tono de voz elocuente, pero lleno de desprecio, exponen lo absurdo de esa mirada, lo corta y reducida que es; de alguna forma la infantilizan. Suponen que quien usa esos lentes desconoce la reglas bajo las cuales se mueve el mundo: la lucha, el caos, el esfuerzo infructuoso, la frustración. Apelan a la mirada objetiva y realista, cosa que de entrada ya es sospechosa porque ¿qué es lo objetivo?, ¿lo que yo veo?; ¿qué es realista?, ¿mi realidad? Esas discusiones me remontan a ciertos episodios en los que algunos, con una larga experiencia en esto de “luchar en la vida”, parecen llamados a aterrizar –así lo llaman– a quienes bajo circunstancias específicamente desfavorables se atreven a soñar, a verse diferentes en escenarios que le son hostiles. Cercenan [1] impunemente la libertad del otro que también implica ver y estar en el mundo a su antoj...