Déjame confiar Que ahora no se puede confiar en nadie, que tengamos mucho cuidado con lo que decimos o hacemos, que estemos vigilantes con las personas que nos relacionamos; mejor dicho, que nos guardemos en nuestros frágiles cascarones para no ser víctimas del engaño. Y sí, es cierto que hay mucho de dañino en algunas personas y en ciertos entornos, pero usar la categoría “nadie” es algo muy, muy serio, porque en ella caben “todos”, incluyéndonos nosotros mismos. Aunque suene raro, en algunos momentos ni siquiera podemos confiar en nosotros, en nuestras reacciones, en nuestras decisiones; o puede ocurrir que nos convirtamos en personas poco confiables para los demás. Francamente esto parece un enredo de palabras, de ideas, pero si logramos desenredarlo vamos aclarando eso de saber estar con el otro, lo que requiere necesariamente que seamos mutuamente confiables, que es lo mismo que saber con todo el rigor de la palabra que no estoy conscientemente dispuesto a dañarlo, ni...