¿Qué hace usted ahí? Soy de las que cree que no tengo por qué estar contando todo lo que me ha ocurrido, ocurre u ocurrirá según mis deseos, proyectos o sueños; pero también soy de las que si quiero contarlo lo hago. La decisión de hacerlo o no, depende de mi entero deseo, de nada más. Y esto lo digo porque he escuchado en varias oportunidades –más de las que quisiera– que hay quienes no cuentan sus proyectos por temor a que sean intervenidos de manera dañina por las malas intenciones que alberga la envidia. Y es justo en este punto donde me surgen dos peguntas: La primera: ¿es más fuerte la envidia que el deseo y el empeño honesto de quien comunica su proyecto? Y la segunda: ¿somos tan vulnerables como para que el simple sentimiento de envidia que experimenta el otro pueda entorpecer mis propósitos? Esas afirmaciones me desalientan mucho, porque quienes las expresan no están hablando de las acciones que puede emprender la envidia para obstaculizar el progre...