Vivimos sin certificado de calidad Es verdad, caemos una y otra vez en los mismos o diferentes errores; nos levantamos, nos sacudimos, hacemos rituales de conversión y comenzamos de nuevo con la esperanza —porque nunca alcanza a ser una certeza— de no volver a equivocarnos. Pero en el fondo o en la superficie sabemos que en cualquier momento nos vamos a tener que volver a enfrentar con nuestras propias recriminaciones, con esa voz inquisidora y apasionada que se empecina en hacernos sentir menos que una pulga, porque no fuimos capaces de sostener nuestro compromiso de ser rectos o por lo menos fieles al propósito de ser mejores. La escala de errores o equivocaciones o faltas… varía, así, lo que para unos es insignificante, para otros resulta ser un duro peso que cargar por algún tiempo hasta que nos decimos: Está bien, no pasa nada, aprende y no lo vuelvas a hacer; y así el círculo comienza de nuevo. Me parece paradójico que en medio de todo lo que vivimos y tenemos que enfrentar...