No me dejo confundir –A ver, la “cosa” es muy sencilla, uno solo tiene que respirar. ¿Entiendes? Sin respirar dejas de ser. Uno puede recuperar, aplazar o cambiar todos los “tengo que” que hemos aprendido, que le hemos sumado a nuestros días, pero cuando lo único que tienes que hacer desaparece no lo puedes recuperar. Esa es una verdad de Perogrullo [1] y tal vez por su obviedad –cosa peligrosa que nos distrae de su trascendencia– la pasamos por alto, la silenciamos. Es cierto que eso de respirar es mecánico, es cierto que no tenemos que decirnos respire, y que desafortunadamente solo nos damos cuenta de que lo hacemos cuando tenemos alguna dificultad para que ocurra naturalmente: un resfriado, una sinusitis, el asma…, y ahí es cuando, como acostumbramos a hacerlo, nos desesperamos y corremos por la solución que nos devuelva el equilibrio. Pero no estoy hablando de la respiración, sino de lo que ella representa. ¿Qué significa que respiremos? Por estos días –p...