La expresión confiable por lo general se dirige a una cosa o a una persona. Uno puede ser confiable en muchos aspectos, pero me voy a referir específicamente a la comunicación; esa difícil forma de conectar con los otros y, aunque no pensemos mucho en eso, con nosotros mismos[1].
Comunicar ha sido un asunto tan complicado –o lo hemos complicado– que se han creado programas especializados para desarrollar las mejores técnicas y evitar así los baches que pueden ocurrir en ese largo y nebuloso trayecto entre el emisor y el receptor.
Hablar como una forma de comunicación parece una cosa tremendamente difícil sobre todo cuando si, para hacerlo, tenemos que medir no solo el alcance de nuestras palabras, sino cuanto de nosotros ponemos en lo que estamos diciendo; es decir, si alguna emoción se nos filtra a través de nuestros gestos.
He dicho en otras publicaciones que me han acusado muchas veces de no tener filtro al momento de decir lo que pienso, y aunque he intentado medir lo que digo –cuando lo digo[2]–, no me he podido excluir asumiendo una expresión neutra que no hable mucho de mí.
Lo cierto es que me resulta muy raro que intentemos separar al emisario del mensaje, como si las palabras se crearan lejos de quien las creó, de los sentimientos que las motivaron. Cuando me encuentro con esto –con la expresión neutral– francamente la persona y su mensaje me resulta poco confiable. Es como un chat con voz de esas mecánicas y programadas que te dicen lo que quieres escuchar.
Se me ocurre que en la limitación del mensaje solo a la voz, y en el análisis minucioso de cada palabra emitida buscando con esto no alterar mucho el orden del otro y el nuestro, para no perder el control, hay algo de cicatería y premeditación. De ahí que también se me ocurre que estar en control del mensaje significa saber que eso que dices es lo que tienes para decir, y que además estás completa y absolutamente en él[3].
[1] Me refiero a esos diálogos que sostenemos con nosotros mismos que algunas veces terminan siendo verdaderas batallas mentales. Bueno, para esas también hay técnicas que prometen mejorar y mejoran, lo sé.
[2] Porque no siempre expreso lo que pienso. No, también sé economizar palabras.
[3] Con esto no niego la reflexión sobre lo que decimos.

Es una verdad que hablar desde el corazón en ocasiones hace que se pierda el corazón ... porque al hacerlo lo hemos entregado
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