¿Por qué con los otros sí y con uno mismo no?
Trate al otro como quiere ser tratado, como se trataría a usted mismo.
Sentencia, invitación, en ocasiones regla. Pero ¿y se cumple?
La pregunta no es si lo hacemos con el otro, es si en realidad lo hacemos con nosotros mismos. ¿Nos tratamos como nos gustaría que nos trataran? ¿Somos lo suficientemente amables con nosotros como para apreciar seria y honestamente la persona que somos?
Creo que para abordar este tema con seriedad es imperioso vernos, pero sobre todo sentirnos. La medida de la amabilidad con nosotros mismos se halla en la comodidad que sintamos siendo, simplemente siendo; en si no sentimos tranquilos con las decisiones que tomamos, en las cosas que hacemos o en la forma como estamos con los otros.
Pueden decir que eso es un cliché[1], que se ha dicho mucho, que eso todo el mundo lo sabe, pero ¿y lo sabemos? Y si lo sabemos ¿lo practicamos?
Habrá quienes lo tengan muy, muy claro; pero también quienes no, y se hayan acostumbrado a mal estar con ellos mismos a pesar de que es con ellos con quienes tienen que vivir. Los otros llegan y se van, están un momento en nuestras vidas; pero con nosotros tenemos que estar todo el tiempo: ¿de qué forma estamos?, ¿tenemos una relación saludable con nosotros?
Se me ocurre que se nos enseñado –y muy mal– a medir nuestra sensación de comodidad a partir de cómo nos perciben los otros, de cómo nos tratan y nos ven. Y tal vez por eso nos quebramos tan fácil cuando en esa interacción no se cumple ese precepto en el que creemos que si tratamos bien nos tratarán igual: ¿qué pasa en nosotros cuando pese a tratar bien al otro recibimos mal trato y desprecio?
También se me ocurre que no hay una fórmula que nos asegure relaciones amables con los otros, lo que sí hay –y no es cliché– es un espacio personal con el que debemos entablar verdaderas relaciones amables[2] que, además de sólidas, sean genuinas.
[1] Es cierto que de tanto repetir algo pierde su fuerza creativa, pero el problema radica en excusarnos en eso para pasarlo por alto, en que lo demos por hecho cuando ni siquiera reflexionamos en lo que dice.
[2] En mi glosario personal se trata de no violentarnos de ninguna manera, de avanzar con respeto y comprensión en la conformación del ser que somos.

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