¿Vergüenza? Me he encontrado con algunas confesiones que francamente me parecen innecesarias. Cuando apenas comienzo a conocer a alguien saca a relucir ciertos aspectos que ni siquiera me interesan, pero que al otro le parece urgente que los sepa. Datos de su historia que solo a él o a ella le pesan y que tal vez necesita estar confesando, y no precisamente para descargar el peso que lleva; porque si así fuera no lo diría tantas veces: para deshacernos de nuestros pesos solo se requiere —si es que en verdad sirve de algo— decirlo una sola vez. Estas repeticiones no son confesiones realmente, parecen más bien alarmas con las que nos dicen: ¡Ojo! que no soy tan digno como me ves. Apelan a nuestros prejuicios y esperan que con esa mancha oscura, que solo ellos ven y cargan, sean aceptados; porque les parece imposible que a alguien no le interese la historia que trae, sino lo que es hoy. No se ven sin historia, por lo tanto, son solo historia: un cúmulo de acontecimientos que l...