Una costura aquí, un remiendo allá

Algo así como estarnos rehaciendo, mejorando o arreglando esas pequeñas o grandes averías que sufrimos con el tiempo; pero no a causa del tiempo, sino por el uso y tal vez el abuso que hacemos de nuestro cuerpo, también por algunos antojitos que van apareciendo.

Ahora más que nunca tenemos la oportunidad de suturar con bastante éxito cualquier herida que se presente en nuestro cuerpo; cada vez somos más resistentes y nos sobreponemos a alteraciones físicas que en otros momentos hubieran acabado con nuestra vida. También podemos transformar esas cosillas que no nos gustan: un gordito de más, unos labios delgados, unos músculos débiles, un juanete deformador y doloroso. Sí, ahora podemos suturar y remendar, transformar y ajustar nuestro cuerpo para llevarlo “mejor” durante “quizá” más tiempo.  

Lo cierto es que tenemos más recursos para sentirnos y vernos bien, aunque ese “sentirnos” y “vernos” no siempre dependa del cuerpo. He conocido personas que pese a importantes mutilaciones físicas se ven y sienten mejor que otras ante una uña enterrada —son muy dolorosas—. Parece que la idea de malestar no está arraigada del todo en el bienestar del cuerpo. Hay malestares físicos que se superan, tan solo para que aparezcan otros que nos sostengan en una larga queja, o insaciables transformaciones físicas que no terminan por dar forma a nuestro ideal de imagen.

¿Qué es lo que nos pasa?

Se me ocurre que esa idea de andar usando un cuerpo y no siendo el cuerpo, en esa separación arbitraria y prehistórica de mente, cuerpo y espíritu nos enredó el asunto del vivir para dejarnos ante una existencia en la que nos intervenimos por pedacitos[1], sin que al final logremos sentirnos cómodos. Y no es para menos, porque pensamos una cosa, sentimos otra y manifestamos otra. Vivimos —ese plural me va muy bien— con una especie de deformación congénita buscando el cuerpo que nos vaya mejor, la idea que mejor se ajuste a…, y la forma de ser que sea más atractiva para… Estamos divididos, cuando tal vez solo se trate de ajustar el engranaje en el que nos sintamos completos siendo lo que somos: una sola dimensión de vida posible de experimentar plena y totalmente, pese a los remiendos que haya que hacer[2] .



[1] Tenemos especialidades para todo y cada uno en su ámbito interviene y afianza la separación: médicos, psicólogos, religiosos.

[2] Creo en los remiendos necesarios, pero con la plena conciencia de que lo que se ajusta en el cuerpo debe tener también su ajustico en la mente; lo que exige un espíritu alentador y fuerte (bueno, primero hay que creer en la existencia del espíritu, pero esto será motivo de otra ocurrencia).

Comentarios

  1. Me encantó leer este artículo. Muy buena "ocurrencia"....

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  2. Los mensajes permanentes que invitan a desagregar cuerpo, alma, espíritu, sólo distorsiona la imagen mental, manteniendo al primitivo en nosotros, impidiendo el reconocimiento integral que nos cobija. Amo lo que tengo, amo lo que soy, sería la consigna de integración. Gracias. Excelente artículo.

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