¿Qué hace usted ahí?

Soy de las que cree que no tengo por qué estar contando todo lo que me ha ocurrido, ocurre u ocurrirá según mis deseos, proyectos o sueños; pero también soy de las que si quiero contarlo lo hago. La decisión de hacerlo o no, depende de mi entero deseo, de nada más. Y esto lo digo porque he escuchado en varias oportunidades –más de las que quisiera– que hay quienes no cuentan sus proyectos por temor a que sean intervenidos de manera dañina por las malas intenciones que alberga la envidia. 


Y es justo en este punto donde me surgen dos peguntas: 


La primera: ¿es más fuerte la envidia que el deseo y el empeño honesto de quien comunica su proyecto? 


Y la segunda: ¿somos tan vulnerables como para que el simple sentimiento de envidia que experimenta el otro pueda entorpecer mis propósitos?


Esas afirmaciones me desalientan mucho, porque quienes las expresan no están hablando de las acciones que puede emprender la envidia para obstaculizar el progreso del proyecto –que son reales, que existen–, sino por el alcance del solo sentimiento que percibimos en el otro.


Ahora bien, me surge otra pregunta –que parecen dos–, siendo la envidia un sentimiento tan nefasto, ¿qué hago yo al lado de quien por aprendizaje y mala práctica la experimenta, o es que solo por sospecha lo he calificado de envidioso?


Estoy convencida de que nuestras creencias determinan la forma como percibimos el mundo y a nosotros en él, de ahí que si creemos que un sentimiento puede alcanzarnos, nos alcanzará y no por un acto de magia, sino por cierta disposición personal para que ocurra. No es tan inofensiva ni tan inocente nuestra participación en este tema.


Se me ocurre que, de cualquier forma, somos dueños de lo que decimos y de nuestras motivaciones si decidimos callarnos. 


También se me ocurre que ante la idea de ser afectados por el sentimiento de envidia, deberíamos cambiar el visor hacia nosotros mismos para evaluar nuestra propia fortaleza, y tratar de entender por qué nos sentimos blancos fáciles de lo que el otro siente o piensa. 

 

 

                                                              Emperatriz

Comentarios

  1. Emperatriz obvio que ese sentimiento permea nuestra voluntad de saber donde, cuando y cómo; cuando desde siempre la hemos padecido de ene mil maneras; incluso por gente en todos los ámbitos de nuestra vida ( social, laboral, familiar) . Eso corroe y hace tomar prevenciones al momento de volver a intentarlo.

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