No es tan malo, pero pongámosle límites

Hay quienes dicen que no es tan malo sentirse frágil o expresar fragilidad. Bueno, la palabra que realmente usan es “vulnerabilidad” que, a propósito, no creo que sea la adecuada para definir ese estado en el que nos sentimos débiles ante una situación. La vulnerabilidad es una condición en la que podemos ser heridos o recibir lesiones, mientras que la fragilidad es ese estado en el que nos sentimos escasos de fuerzas para enfrentarnos con la vida que somos y que manifestamos, con todo el entramado de situaciones que nos retan, que nos hacen grandes o nos empequeñecen. Es así como lo veo.

Sentirnos frágiles es reconocer que no tenemos todas las respuestas, que todo lo tenemos que aprender y que hay situaciones que nos superan. A todos nos ocurre —a todos—, pero nos han tenido que dar permiso para expresarlo, porque cualquier muestra de debilidad es mal entendida y la mayoría de las veces motivo de reproches; como si estuviéramos obligados a mostrarnos fuertes e imbatibles en todo momento.

Entendernos con nuestra fragilidad, que es lo mismo que con nuestros temores, es tal vez lo más valiente que podemos hacer, porque se nos ha enseñado a ocultarlos. Traerlos y mirarnos cara a cara con ellos exige una fortaleza que subestimamos; y al final es el único ejercicio que puede demostrarnos lo grandes que hemos sido y que podemos ser, porque a pesar de ellos —de los temores—, con todos los demonios que los habitan, hemos sido capaces de seguir, solo que a veces lo olvidamos.

Sin embargo, se me ocurre que con este tema hay que tener cuidado, poner algo así como límites; es decir, aceptar los momentos de fragilidad, sentirlos, comentarlos si se quiere; pero no hacer de ellos una realidad: admitir la fragilidad como algo que nos ocurre, no es lo mismo que afirmar que somos frágiles[1].



[1] Me gusta pensar que no hay nada vergonzoso en la fragilidad ni de orgullo en la fortaleza, son formas de afrontar la circunstancias y dependen del momento en el que nos encontremos.

De cualquier forma, creo que la verdadera fortaleza moral está en sentirnos sujetos de experiencia y permanecer atentos sin someternos a ellas.

Comentarios

  1. Que bella y profunda reflexión...cada vez me demuestra que como escritora conoce y esculca lo más profundo del alma humana

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  2. Precisar con claridad esas sútiles diferencias; son cosas excepcionales.......

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