Ponga la reversa si es necesario
De las habilidades más difíciles de dominar al momento de aprender a conducir es andar en reversa. Exige una atención especial, manejar los espejos, las dimensiones, los espacios con los que contamos para que la maniobra sea exitosa y no terminemos rayando nuestro carro o dañando el de otros. La reversa es importante para sacarnos de un lugar del que no podríamos salir si lo hiciéramos hacia adelante, para sacarlo del parqueadero y así poder iniciar un viaje. Habrá más acciones que nos permita hacer que no menciono, pero lo cierto es que si no sabemos reversar, el aprendizaje queda incompleto; siempre tendremos la necesidad de que otro lo haga por nosotros o definitivamente renunciamos a conducir aunque tengamos el deseo de hacerlo.
Obviamente esta entrada no se trata de dar lecciones de conducción, no soy ni mucho menos experta en el tema y a conducir renuncié hace mucho tiempo. Se trata de reflexionar sobre lo importante que es dar reversa a algunas decisiones que nos han conducido a acciones equivocadas, y lo difícil que resulta hacerlo como cuando nos enfrentamos a la misma situación ante el volante.
Se nos ha dicho: “Hacia adelante y firme”, y cada vez lo escucho con más frecuencia. Y así lo hacemos, sin titubeos, confiados en nuestras ideas y decisiones; sin embargo, al momento de evaluar el resultado –porque eso no se excluye de la ecuación– nos encontramos atascados: llámese elección de carrera, matrimonio, empleo, conflicto, o cualquier forma de atasque que nos priva justamente del andar hacia adelante que tanto se promulga.
He visto –y de esto no me libro– muchos atasques personales por defender ese asunto de la “firmeza” tan parecido a la vanidad, en los que pese a estar atravesando por una tremenda equivocación nos sostenemos rayándonos cada vez más o estropeando la vida de los otros.
Se me ocurre que eso de reversar lo eludimos bastante porque reconocer que nos hemos equivocado de dirección implica no solo enfrentarlo, sino emplear las fuerzas necesarias para reorientar el camino, y a veces nos da mucha pereza[1]. De esta forma, el aprendizaje queda incompleto, tenemos muchos deseos de cambiar la dirección, pero sin reversa los deseos no trascienden a la acción.
Emperatriz
[1] Pereza que no es pereza. La verdad es que hay muchos aspectos qué analizar al momento de reversar decisiones importantes que exigen una atención aguda y, de paso, la conciliación de diferentes factores que nos animen a reorientar la dirección que hemos equivocado.

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