Bueno, me dedico a respirar nada más
Y ¿qué es lo que pasa cuando entramos en modo quietud?, pero hablo de una
verdadera quietud, de esas en las que no hay propósitos ni planes; algo como un
existir que tan solo responde a lo que va sucediendo. Sí, muy parecido a un
domingo en el que aplazamos las “tareas”, nos negamos a los compromisos, a recibir
o hacer visitas. A esos días en los que nos despojamos si no voluntariamente, sí
mecánicamente de todo cuanto podríamos hacer; en los que el cuerpo y la mente
entran en un embotamiento —esa palabra es de mi madre— del que no ceden por más
que intentemos inyectarles una motivación especial.
No sé si he logrado describir ese estado, pero es algo que padezco algunos
días y que además me lo permito. Cosa que es bastante extraña y mal vista
cuando por costumbre debemos —o tenemos— que estar súper motivados y dispuestos
para algo, imaginándonos o inventando qué podríamos hacer, a dónde
podríamos ir, o qué deberíamos estar haciendo y en dónde deberíamos estar.
¡Qué cansancio! Tal vez por eso es que aparecen esos días.
Y nos preguntamos si estamos enfermos, o pronosticamos que esa quietud es
el aviso de algún malestar físico cuando no emocional. Y estropeamos con análisis
lo que podría ser un estado de quietud placentera, de sano sosiego; sintiéndonos
no solo extraños sino culpables[1] por
“no querer”, por simplemente estar: siendo peso, paso lento, tiempo muerto.
Se me ocurre que ignorar en ocasiones los haceres que nos hemos impuesto
es un ejercicio interesante, y el hacerlo tal vez nos lleve a la comprensión de
en qué forma nos hemos sometido al yugo de los muchos haceres como una
comprobación de que estamos vivos, porque hemos mal entendido el vivir como un
constante y alocado movimiento.
Tal vez en esos días de quietud —que también pueden ser instantes— logremos
conectar con nosotros con más naturalidad: respirando, solo respirando, sin
esos haceres tumultuosos que llenan de ruido el ritmo pausado, aunque constante,
de la vida.
[1] Sentirse culpable cansa más que
hacer mil tareas.
Todo tiene
su medida. Por eso hablo de algunos días, de los necesarios, de conectar con
ellos cuando aparecen y de disfrutarlos.

Hay que aprender a disfrutarlo! A mi se me dificulta mucho estar pausada.
ResponderEliminarAquietar el exterior para que se escuche el interior.
ResponderEliminarDeberían ser más frecuentes en momentos. El silencio debe acompañar una buena quietud.
ResponderEliminar