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  “Oscuridad en la casa y luz en la calle”, un decir que se usó por algún tiempo en mi familia para definir aquellos de quienes se hablaba muy bien en la calle —entre vecinos y amigos—, pero en la casa eran un motivo de discusiones y peleas. Había quienes decían que debía ser al contrario: toda luz en la casa y dejar la oscuridad para la calle, como si la familia, por ser familia, obligara a un comportamiento luminoso aunque promoviera por su propia dinámica el caos. Un caos que surge justamente de la enorme diferencia que la conforma: esa unión de individuos que cohabitan en un espacio y que, agrupados bajo el signo de familia, acogen ciertas líneas que permiten la convivencia, pero que no los exime de ser al fin de cuentas individuos dueños y señores de sí mismos. Una individualidad que la familia pretende pasar por alto considerando que sus líneas de convivencia tienen el alcance de las ideas y los ideales personales, en busca de una homogeneidad imposible y en muchas ocasione...
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  ¿Qué es lo que se celebra en el nacimiento de un acto creativo: una pintura, una obra de teatro, una película, la publicación de un libro? Se celebra la decisión, la voluntad y el esfuerzo que implicó llevarla a cabo. Pero esta no es una celebración que pueda ser solitaria; tal vez en un primer momento, cuando el artista dice listo, terminé, puede experimentar cierto gozo personal, pero solo se sentirá completo cuando sea expuesta ante el otro. Es en la mirada del otro donde el creador encuentra el gozo para celebrar su obra, porque él hace parte de ella. Y no es como se piensa —aunque a veces sea así—, que es la vanidad del artista la que lo lleva a exponer su trabajo; sino que en la ecuación natural del oficio el otro es fundamental, porque el artista se sabe reconocido en él, su obra es la forma como dialoga, como le cuenta lo que siente y experimenta, y en ese encuentro de miradas espera coincidir. Tal vez por esto suena tan destemplado cuando alguien se refiere a una obr...
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  Talento, talento, talento… ¿Nacemos con determinados talentos o los adquirimos? Se ha demostrado que el talento es una habilidad con la que se nace, lo que se adquiere son los medios para desarrollarlo. Ahora bien, por mi experiencia sé que carezco de muchos talentos para desempeñar ciertas tareas, aunque tenga interés en ellas. Me reconozco muy poco hábil para el razonamiento matemático, medir distancias o leer mapas; también me resultan esquivas las artes manuales y las plásticas —no terminaría la enumeración—. Tal vez por eso la expresión “usted puede hacer todo lo que se proponga” me suena destemplada y a la vez peligrosa: destemplada porque no es cierto y peligrosa porque en ese intentar hacer “todo lo que nos propongamos”, nos perdemos de hacer y perfeccionar aquello para lo que sí tenemos talento. Descubrir que somos buenos en algo —o en varios algos, que no es lo mismo que en todo— es absolutamente liberador; sin embargo, quienes se creen la consigna del “todo” en...
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Por estos días escuché el concepto de persona inflamada. Imaginé a una persona pesada, con su piel enrojecida a punto de reventar, caminando despacio, con la mirada fija y los párpados abultados. Más adelante supe que se refería a la persona estresada. Se me ocurrió que era la mejor forma que había escuchado para definir el estrés en alguien, lo que hace y cómo nos sentimos bajo un fuerte estado de presión que no siempre se refleja en nuestro cuerpo si no hasta cuando alcanza niveles que superan nuestra capacidad de soportar. Porque eso es el estrés: la medida que tenemos de aguantar una presión que, valga decir, no es igual para todos; pero una vez alcanzada la medida, las consecuencias parecen ser iguales y podrían resumirse —a riesgo de caer en simplicidades— en un sentimiento de inadecuación que se instala en nuestro cuerpo y mente. Algo en nosotros se desajusta y todo el engranaje se disloca, las piezas comienzan a rosarse y esa fricción hace que dentro todo comience a hervir....
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  De pronto uno se siente muy cansado, algo asqueado, y se le ocurre que todo puede irse al carajo —o a la porra, como dirían—; ese es un buen lugar para descargar todos los pesos absurdos que acumulamos con los días, que en ocasiones se convierten en meses, en años… en toda una vida. El problema ocurre cuando no sabemos qué es lo que queremos mandar allá, porque lo que nos cansa a veces no es tan evidente y mucho menos el lugar a donde podría llegar: carajo es un lugar que carece de coordenadas. Saber qué es lo que nos tiene cansados, con dolor en los huesos, con insomnio o somnolencia —porque las dos aplican para el cansancio—, desganados, alterados o desatentos al disfrute de la vida, constituye el primer paso para comenzar a eliminarlo; pero ocurre que esta pesquisa se convierte también en motivo de cansancio. Esa mirada permanente sobre nosotros, esa indagación incesante, si no se modula se convierte en una trampa que termina por arruinar cualquier intento de salir del círculo...
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  En el “trastorno de la personalidad por evitación” ocurre que la persona se siente inadecuada, por lo general recurre a pensamientos derrotistas en los que el panorama se presenta oscuro, y en el que los otros solo aparecen para burlarse o reprochar lo que él es —la descalificación es la constante—. También es común, que por esta misma razón, necesite largos periodos de soledad para sobreponerse a sus propias impresiones luego de que se atreva a ser visto, o antes cuando planea dejarse ver. Es muy contradictorio lo que ocurre porque en el fondo quiere estar con la gente, siente que tiene algo interesante que decir y hacer, pero el temor lo limita y encierra. Dicen que la raíz del problema se encuentra en una baja autoestima, tal vez causada por una descalificación sistemática durante la infancia y adolescencia, momentos cruciales para fortalecer su imagen. El tema es tremendamente complejo si tenemos en cuenta que la realización individual está vinculada al otro en el reconocim...
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  En ocasiones todos los daños ocurren al mismo tiempo, se desprenden como una cascada de sucesos y te llevan con ellos. Pueden ser daños sencillos como el de una tubería cuyo roto está inundando el apartamento de tu vecino, y en el proceso de corregirla ves el tuyo lleno de huecos, polvo, escombros y con gente extraña caminando por los pasillos rompiendo lo que haya que romper. Todo el entorno se ha transformado, no importa cuánto dure, el escenario al que estás habituado es ahora un caos y por más que quieras conservar la calma que te da la rutina, no es posible porque ha sido alterada. En ese esfuerzo por mantener la línea que traías comienzas a sentirte desgastado, asqueado; lo que se evidencia en un cansancio físico inusual, tal vez en insomnio, en cierto desequilibrio que te lleva a la ansiedad. Es interesante observar cómo cada elemento que te rodea termina siendo “uno y lo mismo”; es decir, estamos involucrados con nuestras cosas por más sencillas e insignificantes que pa...