No disociarás, decía el letrero Representamos por elección o por imposición inconsciente diferentes roles; pero no me refiero a aquellos que se relacionan con un oficio, sino con nuestra forma de encarar la vida con los demás. Asumimos como una marca [1] ciertas actitudes que nos hacen reconocernos y que los otros nos reconozcan, para bien o para mal, en ese mundo delicado pero necesario de las relaciones sociales: con los mecanismos que hacen posible la creación de escenarios donde la vida se sostiene. Cada quien tiene su propia carga de actitudes para el encuentro con los demás y no siempre nos gustan; pero el gusto no es una medida lo suficientemente válida para crear empatía o antipatía por el otro. El gusto esta sesgado por nuestra historia y por las ideas preconcebidas que no nos permiten ver al otro tal cual es. Cuando es el gusto el que mide nuestra forma de acercarnos a los demás, limitamos el radio de acción en el que nos movemos y de paso empobrecemos nuestra experien...